Mis Amigos

Jeannie Page – Cielo Bajo mis Pies

DSCF2660Siempre me he sentido fascinada por esos momentos en los que de repente nos encontramos en lugares nunca antes imaginados. Este fue uno de esos momentos. Sentada en el campo verde, mirando al lago cerca del Centro Yoga y Salud Kripalu, en medio de las preciosas montañas del oeste de Massachusetts, reflexionaba con encanto todos los puntos, los hecho y factores que se unieron y confabularon conduciendome hasta este lugar.

Todo comenzó en Boston, hace casi un año, cuando el novio de mi madre, quien me reconoció como una dedicada practicante de yoga, me dio un catálogo de Kripalu. Alegremente lo tomé y llevé conmigo a San Francisco, sintiéndome  agradecida con él por recordar mis intereses. Después de hojear a fondo a través de (y cayendo la baba sobre) sus programas, el catálogo tomó una residencia permanente en mi mesa de café.

Adelantando la historia algunos meses: un día en medio de una búsqueda de trabajo, me detuve a meditar, esperando encontrar algo de claridad sobre la dirección a tomar. Allí, en uno de esos instantes extraños pero fructíferos, surgió un chispazo de luz: el nombre “Kripalu” llego a mi mente. Si he aprendido algo por medio de mis meditaciones, es que cuando uno de estos mensajes, aparentemente al azar, se manifiesta, es importante honrarlo y ponerle atención.

Abruptamente interrumpí mi meditación y saqué el computador. Fui a la página web del centro Kripalu, donde encontré una oportunidad de trabajo interesante para mi….todo esto aunque tenía una profunda sensación de no querer mudarme al este otra vez, de no querer regresar al helado invierno de esa zona. En todo caso, escuchando mi mente racional, apliqué por el trabajo.

Como siempre, siendo una maestra en conecciones, contacté a mis contactos para ver quien posiblemente conociera alguién en Kripalu. Para mi sorpresa, uno de mis amigos escritores resultó ser amigo de un gran profesor, practicante y escritor de yoga y espiritualidad, quien con regularidad enseña en el centro. Muy cortésmente, mi amigo pasó mi currículum vitae a este profesor. Sin embargo, el universo tenía otros planes para mi: el trabajo en Kripalu no resultó, y yo vi con claridad que me siento en casa donde estoy ahora: San Francisco.

En todo caso, esta conexión dio muchos otros frutos para mi camino, pues resultó que trabajé como consultora de este reconocido autor y profesor de yoga. Tener el privilegio de trabajar con este maravilloso hombre, cuando yo aprendía más sobre él y leía sus libros, yo reconocía que éste era un ser a quien realmente quería conocer mejor y cuyo trabajo quería seguir y apoyar.

Y acá me encontré, respirando el fresco olor primaveral de los Berkshires, después de hacer el viaje desde la costa oeste hacia las tierras inexploradas del oeste de Massachusetts para asistir a este curso de “ Metta,” la práctica del amor y la benevolencia para con todos los seres sintientes, impartido por este Profesor.

Como parte de nuestras prácticas de meditación durante el fin de semana, y con el fin de aprovechar el maravilloso clima primaveral, el profesor cambió la agenda del día de forma espontánea. Realizamos una práctica de meditación caminando allí en el delicioso césped- una práctica que me resultó poco agradable unas semanas antes allí en California. Pero aquí, bajo el sol brillante de la primavera, mis pies se sintieron en un paraíso cuando me quité mis sandalias y toqué el suave y grueso pasto, calentado por el sol.

Mientras caminaba en el campo de dientes de león, las hojas del pasto hacían cosquillas en mis dedos de pie, me dio cuenta del hecho de que rara vez o nunca tenemos la oportunidad de hacer esto en San Francisco.

En nuestro frío clima, es una gran excepción tener un clima lo suficientemente cálido como para andar en sandalias! E incluso, cuando la temperatura llega a ser medianamente alta (créanme es realmente un motivo de alegría), la neblina es tal que el pasto está casi siempre húmedo y frío- ¡No exactamente incitante para los fríos deditos de los pies!

En ese preciso momento, mientras mis dedos de pie se hundían en el suave y cálido suelo, recordé que no había caminado descalza por años.

Se me ocurrió en ese momento que muchos dan por sentado un placer como este. En ese instante pausé, abrazando la gratitud por estar experimentando el cielo bajo mis pies. A la vez, me sentí agradecida por mi vida en San Francisco por haberme dado este momento de perspectiva y profunda apreciación.

Continué moviendo mis pies lentamente, sintonizándome en los puntos focales de la meditación: colocar el pie, deslizarlo, levantarlo y repetir todo lo anterior, estando todo el tiempo absolutamente atenta y consciente de la sensación al tocar la tierra. Mientras lo hacía, los sonidos y  el olor de la primavera llegaban a mi conciencia: La hierba recién cortado, la abejas zumbando alrededor de mis pies, la suave briza en mis oídos….Y luego, ahí estaba – un pájaro que en la distancia entonaba su canto, un canto que mi di cuenta era un sonido icónico de Nueva Inglaterra. No existe este pájaro, con este canto, en California. Una vez más me deleité con gratitud por la magia de la madre naturaleza y su hermosa diversidad.

Absorta en el canto de aquel pájaro, me sentí inmediatamente transportada a mi infancia, al patio de recreo de la escuela. Ese pájaro y su canción representaban el sonido de mi niñez. Me inundaron recuerdos incontables de correr descalza en el pasto: barbacoas en el patio, fiestas de graduación, partidos de bádminton, fiestas en la piscina, acampar en el patio de mis abuelos, conciertos de verano … esos momentos en que todos inconscientemente nos permitimos correr descalzos en el pasto tibio, sin darle ningún valor especial.

Y en este momento muy especial, acá en esta espectacular pradera de Kripalu, durante este inesperado viaje, me di cuenta de que nunca más daré por sentado ese sencillisimo pero maravilloso placer…..y nunca más olvidaré la sensación de tener el cielo bajo mis pies.

© Jeannie Page y Despertando a La Vida, 2011-2013.

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